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February 27 Recuento 4
Diego Armando Maradona era un jugador que te podía hacer babear por la manera tan magistral que conducía el balón y humillaba a los rivales, creo que no me tocó verlo en su mejor momento, pero el final de su carrera si. Roberto Baggio era un artista en un futbol donde la dominancia de un estilo defensivo se imponía, por eso el brilló, porque rompía los esquemas de ese estilo, el divo, como algunos lo llamaban, era un dios en su natal Italia. Jorge Campos era el ídolo de aquella generación de los 90 que aprendimos a conocerlo, primero como un delantero muy atrevido, y después como el portero más extrovertido que tuvo el soccer en nuestro país. Total, eran tres tipos grandes y tres estilos diferentes, pero tres consagrados en sus respectivas naciones. Así éramos Mario Alberto Espinoza Betán "el pelusa", Jorge Alberto García Hernández "el brody" y Mario Alberto Verdusco Olvera "El divo", los tres betos o la mejor tercia de pamboleros de la secundaria 139, José Enrique Rodó. Soñábamos con ser buenos jugadores, los tres realmente éramos muy buenos, muy rifados, jugábamos todas las posiciones y fuimos base de los equipos que representábamos. Quién puede hablar mejor de un lugar que no sea quien conoció ahí sus verdaderos orígenes? Esta pregunta es porque lo que ahora se conoce como el centro comercial Gran Sur fue antes un espacio rocoso que algunos llamaban pantano, algo parecido a lo que es la actual cantera de Pumas. Bueno, pues ahí generalmente nos metíamos -a escondidas porque era un lugar prohibido además de algo inseguro- a jugar y a crear tácticas diferentes en pos de desarrollar un futbol más avanzado. Era muy poca la gente que se atrevía a meter a ese lugar para practicar deporte, por eso quizá brillamos en ese lugar gris, quizá por eso cuando había una reta que quisiera desafiarnos terminaba sometida por el encanto y la brillantez de tres tipos talentosos. Fuimos lo que se podría decir una leyenda, éramos invencibles y además temidos, éramos un equipo lleno de virtudes y no importaba si alguien se equivocaba una vez, siempre estaba el respaldo de los otros dos. Después de jugar futbol los viernes teníamos una especie de ritual, íbamos a comer pizzas a un local en la Panamericana: Pizzas locas, las mejores pizzas que probé en mi vida. Era un placer platicar con esos dos tipos sobre la secundaria, las chicas, el futbol y la familia, después de correr un buen rato, un par de rebanadas de pizza y una coca era un momento que redondeaba la tarde y abría el panorama para un fin de semana excepcional. Los mismos dueños de la pizzería ya nos conocían, a veces hasta se sentaban a platicar con nosotros y hacíamos una "verbena", reíamos, cotorreábamos, en fin, lo que podía decir un niño de secundaria. Esto se convirtió en una tradición de al menos un año, duró el tiempo que tenía que durar, pero fue algo muy maravilloso, encontrar un deporte afín y luego un descanso común fue algo que siempre se quedó en mi memoria. Mi madre le gusta recordar conmigo esa etapa, de la que fue partícipe cada que me daba para mi parte de pizza. Un día sin más, aquél lugar dejó de ser nuestra guarida para demostrar nuestras habilidades en el deporte y se convirtió en un centro de negocios y de ese lugar, escondido y peligroso se tornó a una plaza fresa y comercial. Cada que pasó por ahí, sé que en alguna parte aún se oyen los gritos de tres chicos que dominaban ese terreno y que se forjaron como aquellos ídolos de la televisión. Hace poco caminé y la famosa pizzería se convirtió en una farmacia de similares, me acerqué a la tienda y con un dejo de tristeza pude ver nuevamente a esos tres niños que festejaban conjuntamente esa etapa de la vida maravillosa de 13 a 15 años. Ya no olía al jamón, al peperoni ni a todos los condimentos de aquél manjar, nuevamente la memoria fue el mejor ejercicio para revivir aquél bello lugar. Y pasaron los años y con ello el rastro de esos lugares que me hicieron feliz, así como aquellos ídolos del futbol que hoy están retirados y que siempre recordaremos, porque ellos fueron la inspiración para hacer una linda amistad. Mario Espinoza encontró después el camino incorrecto en las drogas, aunque ahora sé que poco a poco ha ido saliendo, se convirtió en una especie de darketo, siempre amó a Argentina; Jorge fue el más pambolero, el siguió jugando y se convirtió en un ingeniero en sistemas, sigue en su papelería y amando a los Pumas, espera que algún día México sea campeón; Alberto Verdusco encontró en las letras el confort de recordar esos días, y de agradecer a Baggio ese amor por Italia y ese misticismo por el 18. Y ahora mejor voy por mi pizza para ver el juego de futbol con los amigos. Bendito futbol y pizzas.
February 21 Recuento 3
La música es una de las mejores formas de transportarte de una época a otra, de
percibir en la mente aquellos momentos que quedan guardados para uno y que de
manera armónica dejamos que se acumulen en nuestro cerebrobyte, capaz de
sucumbir los días más bellos de nuestras vidas.
Cómo olvidar mi primer concierto de rock, para mis 14 años estar en el entonces
Autódromo Hermanos Rodríguez a la espera de los legendarios The Rolling Stones
era toda una hazaña, recordar como mi tío se vistió de manera especial para
dicho espectáculo y cómo estaba nervioso minutos antes de que se dieran los
primeros guitarrazos de la noche envuelto de gente conocedora y amante de
aquellos tipos greñudos de aspecto demoníaco, uf, chinita la piel se me hacía
de la emoción.
El caso es que después de eso mi panorama musical cambió rotundamente, yo
quería ser una estrella de rock, yo quería que le gente cantara mis rolas,
bailara mis melodías y llorara mis tragedias traducida a letras melancólicas.
Andaba en la secundaria y tarareaba la canción de Miss You de las "Piedras
Rodantes" cuando Gilberto Maqueda (compañero del salón) se acercó y me
preguntó que música me gustaba, le conté que me fascinaba el rock a lo que el respondió:
te voy a regalar unos casets (terminaría dándome los de The Wall de Pink Floyd).
Gilberto y yo platicamos sobre el deseo de hacer un grupo de música y para
nuestra fortuna, Daniel Salas, Daniel Oviedo y Norberto Vargas escuchaban
aquella conversación a la que se unieron, participaron y finalizó como un grupo
de inquietudes.
Daniel Oviedo y su gusto por la música pop-electrónica, Norberto Vargas por el
Blues (influencia de su padre quien tocaba la batería en un grupo de blues), Daniel
Salas por el rock urbano, Maqueda por las baladas y Alberto Verdusco por el
rock-música clásica. Esas diferencias nos dieron importantes ideas y
revolucionarias formas de hacer composiciones, todas ellas en ideas, en letras
en música hecha por nuestras voces, por sonidos que salieran de nuestras almas.
Hicimos nuestra primera composición en la que escribimos Maqueda y yo, la
titulamos "Año 2000" y esta hablaba sobre el futuro desesperanzador
que estaba por acercarse, por aquellos días, el año 2000, el nuevo siglo, era
un tema que tenía tintes apocalípticos por los que nos vimos influidos y
con certeza manejamos.
Año 2000 se volvió lo que Creep para Radiohead, Smells Like Teen Spirits para
Nirvana, o Don't Cry para Guns N Roses, es decir, todo un éxito, recuerdo como
las chicas deseaban tocar nuestras cabelleras, sentarse en la hora de descanso
con las cinco nuevas futuras esperanzas del rock mexicano, es decir, fue un
periodo de gloria, en el que estuvimos cerca de perder el piso.
Después vino la negociación sobre el nombre del grupo, no fue difícil, en
aquellos días Gilberto llevaba a la escuela una viborita que se compró, le
apodamos Cuca y decíamos que era un pitón en miniatura, el caso es que todos
aceptamos que sería un buen nombre para la banda: Los Pitones, y así sin mucho
que discutir la banda ya estaba bautizada.
Sin embargo, vinieron las disputas sobre que hacer y que no hacer, Gilberto
entonces tomó la batuta de la banda, creando canciones como "Norberto te
deseamos", "Madre", "27 de septiembre" y un cover de
la famosa "Calendario de amor", la línea era música linda, romántica,
y mucho amor. Obvio yo no iba a tolerar eso y discutí en alguna tarde con
Gilberto sobre nuevas formas de trabajar.
Eso llevó a que el grupo sensación de la secundaria 139, José Enrique Rodó,
cancelara su primer presentación en vivo, que iba a ser en la fiesta anual de
la escuela, desde luego muchos corazones quedaron rotos.
Y finalmente tras algunos meses de intensos encuentros, y de
diferencias musicales irreconciliables, la banda se disolvió.
Ahora sé que Daniel Oviedo trabaja en música electrónica, Norberto es el
baterista de un grupo que se dedica a hacer covers, Salas es un chofer
ejecutivo, Gilberto se convirtió en sacerdote y Alberto Verdusco buscó trabajar
proyectos musicales con Víctor Arredondo, después trabajó en solitario y ahora
busca formar una banda con su primo Alfonso y su amigo Farid.
Pero el recuerdo de aquellos años, de aquellas tardes haciendo música, jugando
con las letras, tocando la guitarra, el bajo, la batería, la flauta, nos unió
como humanos, como hermanos.
Jamás hubo pláticas para un regreso, incluso y a pesar de que la moda es
reunirse como lo hicieron Soda Stereo, Héroes del Silencio, The Police,
nosotros decidimos dar un adiós definitivo.
Hay tardes en que subo a la azotea y tomo mi guitarra, toco un rato esperando
ver a mi lado a aquellos grandes amigos, quizás es un intento en vano, pero al
escuchar Creep, Don’t Cry y Caifanes, los recuerdos son más cercanos y ahí
estamos como en nuestros años de pujanza.
A mis amigos, mis grandes amigos de la secundaria, a Los Pitones, y su
extraordinario disco “Año 2000”
mis más grandes deseos de éxito.
Los Pitones
Gilberto Maqueda Vocalista/Guitarrista
Alberto Verdusco Guitarrista
Daniel Salas Bajista
Daniel Oviedo Tecladista
Norberto Vargas Percusiones
Disco
“Año 2000”
(1995)
Lista:
1. Año 2000 (Maqueda/Verdusco) 4:06
2. 27 de septiembre (Maqueda) 5:28
3. Norberto te deseamos (Maqueda/Verdusco) 4:13
4. Madre (Maqueda) 3:48
5. Calendario de amor (Cover) 5:00
*** En la parte de fotografías se encuentra el primer dibujo de la banda, que a la postre sería la portada del disco, diseñado por Daniel Salas en 1995.
February 15 Recuento 2
Quizás siempre para uno sea más fácil recordar a un maestro a
que el maestro recuerde a su alumno. Quizás para Silvia, mi maestra de sexto
año de primaria yo sea un caso excepcional, y claro, para mi, ella también
siempre lo será.
Iba en sexto año de primaria, desgraciadamente para todos los alumnos del salón
A, en el que yo iba, nos tocaba una especie de castigo para todo el ciclo
escolar, la cooperativa, es decir, nos tocaba vender durante los 30 minutos de
descanso de la primaria los dulces, chocolates, y las maravillosas y dulces
bebidas de una de las más honrosas cooperativas del país: Boing.
Era una tragedia sobre todo si consideramos que cuando eres de sexto año uno es
el dueño de la escuela, del patio, de los jardines y lo mejor para nosotros en
ese tiempo: de la cancha de basquetball que en realidad siempre usamos para
jugar fut.
Generalmente Silvia decidía por semana a los estudiantes que harían la tarea
sucia de los recreos, muchas veces sentí lástima por aquellos castigados, pero
mientras ellos vendían sus golosinas yo jugaba futbol contra los chavos del grupo
B y C.
Llegaría una semana crucial en la agenda de nosotros los estudiantes
pamboleros, jugaríamos una especie de semana de campeonato, yo me encontraba en
plena forma para ser parte del equipo de los A.
Sin embargo, Silvia tenía una sorpresa para mí, el lunes por ahí de las 10 de
la mañana mencionó la lista de las personas que venderían los boing ese día, y
bueno, el destino sabe jugar sus cartas de manera trágicas para quienes no lo
merecemos. Silvia dijo mi nombre y yo dentro de mi dije: vale mad...
El lunes me puse a vender y traté de terminar pronto la caja de 20 boings que
me tocaban, mientras eso sucedía, veía como el grupo A perdía contra el B de
manera miserable, era obvio, ese equipo necesitaba de la contundencia y el
liderazgo que sólo yo podía brindarles con mi zurda poderosa.
Total, ese lunes fue trágico, pero tenía un plan.
Al martes siguiente, le pediría el favor a algún amigo, claro, los miembros del
equipo de futbol deseaban que alguien me cubriera para reforzar a mi escuadra, tristemente
nadie me haría el favor, entonces decidí que tenía que arriesgarme, por tanto
el martes simplemente llevé mi caja de boings a la cancha y me puse a jugar, me
valió que pudiera haber gente sedienta ese día y que hubiera un déficit en la
oferta de las bebidas. Ese día lo importante es que el equipo recuperó la
confianza y bajo mi batuta, volvimos a ser ese equipo que generaba miedo.
Ganamos, pero no fue una victoria redonda, había que regresar del recreo a
clases.
Entonces fue cuando todo ocurrió, llegamos al salón y lo primero que ocurrió
fue un reclamo de Silvia.
-Beto, me acaban de avisar que no te dedicaste a vender lo que te corresponde,
ah, pero eso si, estabas muy conchudo jugando futbol.
Obvio que eso me molestó mucho, maldije a las viejas chismosas que le habían
dado el reclamo a la maestra, y entonces sólo se me ocurrió algo: contestarle.
-Maestra, yo no vengo a la escuela a vender.
Y mientras me atrevía a decir tal cosa, las miradas de los cerca de 40 alumnos
se voltearon hacia mi.
-Como dijiste?, replicó Silvia.
-Lo que escuchó maestra, yo no vengo a la escuela a vender, yo vengo a
estudiar.
El caso es que ella comenzó a gritarme que como me atrevía a responderle, y desde
luego entre más me decía más le contestaba, incluso el volumen de nuestras
voces fue subiendo de tono hasta que la maestra dijo te me vas a la dirección,
no quiero volverte a ver en mi salón de clases.
-Voy a la dirección, pero ni crea que me va a expulsar, le dije muy seguro.
La maestra entonces comenzó a llorar y dijo: en mis 20 años de maestra jamás me
había pasado algo así.
Me fui a la dirección y platiqué con la mera mera de la escuela, desde luego
andaba nervioso, pero sabía que ella me defendería.
Total que la directora mandó llamar a mi mamá para que platicáramos los cuatro
y así fue.
Mi madre iba por primera vez a la escuela por queja de algún profesor, mi mamá
le demostró a Silvia muchas deficiencias de sus métodos de enseñanza, yo era un
alumno cumplido y eso me defendió de todas las cosas de las que me intentaba
acusar la maestra.
El caso es que finalmente mi castigo fue tres días de suspensión, mi madre no
me castigó, al contrario, ella ese día me hizo unas hamburguesas y me dijo que
fuera menos impulsivo. Impulsivo? que es eso, me pregunté a esa edad.
Lo más curioso de este hecho, es que Silvia fue una mala profesora, y tomó
algunas malas decisiones que terminaron por pesarle a lo largo de su curso.
Silvia se enfrentó a a varios alumnos, a Janet, quien arbitrariamente perdió su
lugar de abanderada por Blanca, la hija de un "influyente" padre, Iván
perdió el papel principal de la obra de teatro, porque para Silvia fue más
fácil dárselo a Ricardo, el hijo de otra maestra de la escuela, las piñatas,
las focas y mi bicicleta de papel machel terminaron en el bote de basura, todo
eso lo acusamos a nuestros padres, todo eso enfrentó al final del curso.
Yo quizá fui el primero en asumir una voz contra la injusticia, y que
afortunadamente tuvo eco en los demás compañeros.
Silvia lloró no sólo esa vez conmigo, sino cada una de esas veces que los
padres iban a reclamarle sus acciones.
El último día de clases Silvia me pidió que fuera a su escritorio, jamás
olvidaré su rostro confundido entre el coraje y la tristeza, y me dijo: serás
un buen alumno y sé que tu carácter te dará problemas así como mucha fuerza.
Salí de la primaria y supe que la maestra Silvia jamás regresó. Entonces fue
que sentí un alivio, pues siempre sentiré mucho orgullo de haber defendido, la
primer casa estudiantil que tuve.
Silvia está en mis recuerdos de lo que es una maestra mala y sé que yo estoy en
sus recuerdos de lo que fue un alumno que no se dejó.
February 09 Recuento 1 Desde 1990 y hasta 1992 fue la primer mujer que me gustó muchísimo, quería andar con ella, desde que cursamos el cuarto grado de primaria. Cuando me conoció, cuando nuestras miradas se cruzaron, hubo un reconocimiento, sé que le agradé y nadie me lo dijo y ahora estoy seguro que ella percibió que a mi me gustó y quizá a ella si se lo dijeron todas las personas a quienes les confesé mi "amor" por ella. Nunca fuimos novios, se cruzó en el camino otro chavo, un tipo más lanzado, más seguro y más dispuesto, su nombre: Arturo, lo odié, lo detesté y sé que él sentía lo mismo por mí. Ellos terminaron unos dos meses antes de que saliéramos de la primaria, él estaba triste, yo feliz y ella normal. Unas semanas antes de concluir el ciclo escolar una de sus amigas me dijo que le llegara, que le propusiera que fueramos novios, que ella me diría que si, que ella estaba esperando a que me animara, mi respuesta fue muy obvia: Nel. Acaso creía esa niña que yo andaría de novio con ella por unos días, acaso pensaba que no me daba cuenta del papel intrascendente que me estaba dando: plato de segunda mesa. Le dije a su amiga que no, que me daba pena, pero que lo mejor era ser cuates. Teníamos 11 años cuando nos vimos por última vez como compañeros de la escuela, ella siempre esperó a que me acercara, yo siempre me acobardé y nunca ocurrió nada. Fui a la iglesia en un acto desesperado y de presión en el año 2003, mientras pedía con vehemencia un favor, noté una mirada lejana sobre mi, si, era ella, Ivonne Ibarra Olvera, 11 años después, me vio, la vi, nos reconocimos, nos sonreímos de lejos, pero sin querer dar ese paso, ese maldito paso que nos dejó separados por siempre. Ella ya no me pareció la niña linda que yo adoraba en aquellos días, quizás ella pensó de mi lo mismo, aunque sin querer caer en excesos de vanidad y modestía, sé que ella me vio como alguien que deseó siempre tener a su lado.
Y aún recuerdo bien la primera vez que hablamos, fue por teléfono, fue la única vez que tuve seguridad para acercarme a ella, sólo tuve su voz, pero ambos lo hicimos. Una vez, una sola vez, pero fue muy lindo, aunque sólo haya sido su voz. Gracias Ivonne.
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